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 Energízate y nutre tu cuerpo

¿Al fin qué con las grasas?

 Juan José Valencia Antía - Unsplash, Algunos derechos reservados - CC.

Comer o no comer grasas, he ahí el dilema. Si esta cuestión también te tiene un poco confundida, sigue leyendo para salir de la duda.

Una de las cosas más insólitas que encontramos al abordar el tema de la nutrición es que para cada teoría ofrecida, surge siempre otra diametralmente opuesta. ¿Cómo es posible que nos hayan vendido la idea de que las grasas son lo peor, que el mercado se haya inundado de productos marcados “fat free”, y que ahora nos digan que la grasa es necesaria para el cuerpo? ¿Cómo debemos manejar entonces las grasas en nuestra dieta?

Déjame tratar de explicarte brevemente lo que pasa:

Algo que a mí me ayudó a entender este problema fue conocer los tipos de grasas existentes y sus efectos sobre el organismo. Como cualquier motor, el cuerpo necesita de la grasa para funcionar. En términos generales, esta le permite mantener su temperatura normal, producir energía y proteger los huesos y órganos vitales. Al ser una fuente poderosa de energía, la grasa debe consumirse a diario. Opuesto a lo que se piensa, abstenerse de hacerlo no ayuda a su rápida eliminación. Por el contrario, hace que el organismo se aferre a ella como previsión.

Entonces, te preguntarás, si la grasa es benéfica, ¿por qué tanta campaña para limitar su consumo? La clave está en saber cuáles son las convenientes.

Tipos de grasas:

  • Las monosaturadas, provenientes del aguacate, la aceituna, los aceites de oliva o girasol, las semillas, los frutos secos y otros vegetales, y de pescados como bacalao o caballa pueden consumirse a diario.
  • Las poliinsaturadas, que contienen la grasa omega, deben consumirse con frecuencia. En su mayoría provienen de pescados como el salmón, la sardina o la trucha y de semillas, nueces y aceites de soya o lino. Saludables para el corazón, estas grasas reducen los triglicéridos, ayudan a controlar el azúcar en la sangre, facilitan la eliminación de la grasa endurecida, lo que se traduce en pérdida de peso...
  • Las saturadas, en su mayoría de origen animal, deben comerse moderada y esporádicamente porque aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas. Se encuentran en las carnes de res, cerdo, aves, en la leche de vaca, el queso, el aceite de palma y las cremas de cacao y maní, entre otros. Según estadísticas, cada segundo mueren dos personas en el mundo por esta razón. El exceso de grasa del cuerpo se acumula bajo la piel, obstruyendo los capilares, dificultando la oxigenación y causando sobrepeso.
  • Las trans, inventadas por el hombre, deben evitarse. Son grasas creadas para alargar la vida de los productos y hacerlos más apetitosos. Se forman al someter las grasas vegetales (aceites) a un proceso de hidrogenación que las solidifica, como la margarina. Estas grasas afectan el sistema de defensa del cuerpo, elevan el colesterol malo (LDL) y los triglicéridos. Cuando se juntan con un exceso de sal, como en los snacks fritos, aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas. Están presentes en las comidas rápidas, los helados, las galletas, los panes, las crispetas para microondas, la bizcochería industrializada y la comida precocida.

En resumen, come más frutos secos y pescados como los mencionados y disminuye el consumo de carnes rojas, leches, quesos y helados. Evita los fritos, las mantequillas, las pizzas, la pastelería industrial y los precocidos que tienen exceso de azúcar o sal. No caigas en la trampa de los productos que se anuncian como fat-free o light. Cuanto más saludable sea tu comida, mayores los beneficios para tu salud.